El Almería, enemigo número uno en la final de los 'playoffs'. El éxito del proyecto rojiblanco despierta recelos en el fútbol español, que prefiere el romanticismo del Málaga en una final marcada por la tensión y el juicio de las redes sociales. El proyecto de la UD Almería no está exento de susceptibilidades. Las ventas millonarias que se suceden año tras año, la potente plantilla que ostentan los rojiblancos, vista como la más fuerte de la categoría, y su posición continuada como candidato al ascenso, han posicionado al equipo como el rival a batir en la categoría de plata. No en vano, el habitual clima de crispación que se genera en el fútbol ha tornado el respeto en una animadversión patente, que ha puesto a las aficiones de buena parte de la geografía española a favor del Málaga. Con las vacaciones de verano a la vuelta de la esquina y un periplo sin fútbol hasta que dé comienzo el Mundial, las miradas están puestas en el cierre de la Segunda División; concretamente, en qué equipo acompañará al Racing de Santander y al Deportivo de La Coruña a la máxima categoría. Dos históricos que retornan tras largos periodos sin catar el caviar, remando desde la categoría de bronce hasta alcanzar el tan preciado ascenso. No es de extrañar que los 'puristas' del fútbol vean en el posible ascenso malaguista el cierre de un «trío de oro» que subiría el caché de Primera, gracias a una masa social innegablemente mayor que la de la UD Almería. Ante un proyecto malagueño ambicioso y plagado de canteranos, difícilmente pueden los rojiblancos competir en simpatías ajenas al aficionado local. Son muchos los comentarios que se observan en la fauna de las redes sociales contrarios a los almerienses. Desde críticas como «club de plástico», en una analogía teóricamente desmerecedora con los invernaderos, motor agrícola de la provincia, hasta empequeñecer a una afición menos numerosa y con menos historia o títulos en su haber. Bajo la lógica de cierto sector, el Almería no merecería del mismo modo la victoria en la final de los playoffs. Por suerte, los méritos deportivos no se miden por factores ajenos al terreno de juego, y es lo que ocurre en el verde lo que marca el devenir de los encuentros. Lamentablemente, existe una corriente actual contra equipos etiquetados como «artificiales», como ya ocurrió con el Villarreal o el Getafe, a los que su condición de ciudades pequeñas o dormitorios a veces les pasa factura a nivel de narrativa general. El Almería, siendo un club de capital de provincia, no ha evitado entrar en esta ecuación desde la llegada de su propiedad saudí. Y es que, cuando un equipo 'pequeño' te supera en ambiciones, presupuesto y proyecto, es difícil que el sentimiento rival siga siendo de simpatía, como cuando solo tocaba el barro y contaba sus éxitos con los dedos de una mano. El efecto Melamed Flaco favor hizo a la imagen del club la celebración de Nico Melamed en el gol de Dzodic, haciendo aspavientos frente a Camara, delantero del Castellón, tras asistir a su compañero serbio. Gasolina pura para la corriente contraria a los rojiblancos, en una acción que ha quedado completamente descontextualizada de lo que es el fútbol de alta tensión. Camara, que también encaró al banquillo almeriense cuando los castellonenses hicieron el 1-2 y que es conocido por caldear el ambiente 'por lo bajini', comprobó en sus propias carnes que esta vez le tocaba aguantar las burlas a él, sea o no estético el gesto del extremo indálico. Lo cierto es que el Almería no ha evitado entrar en la ecuación de los equipos 'artificiales', y es que, cuando un equipo 'pequeño' te supera en ambiciones, presupuesto y proyecto, es difícil que el sentimiento rival siga siendo de simpatía.